No planeábamos abrir un negocio de muebles. Durante años trabajamos en restauración de mobiliario antiguo, reparando piezas que otras personas descartaban. Aprendimos a leer la madera: dónde cede, dónde resiste, cómo responde al tiempo.
Un día, un cliente nos pidió que construyéramos algo nuevo con la misma mentalidad que aplicábamos a lo viejo. Queríamos una mesa que durara décadas, que pudiera repararse si era necesario, que no dependiera de pegamentos sintéticos ni tableros prensados.
Esa primera pieza tardó tres meses en completarse. El cliente sigue enviándonos fotografías de cómo ha envejecido. Así nació tranquil-tundra.
Cada mueble incluye documentación sobre el origen de la madera, el tipo de acabado usado y las instrucciones de mantenimiento. No ocultamos procesos.
No prometemos entregas rápidas. Un escritorio puede llevar entre 6 y 10 semanas. Una mesa grande, hasta 12. El tiempo forma parte del resultado.
Cada decisión estética tiene una razón estructural. Las juntas son visibles porque fortalecen la pieza. Los acabados son mate porque envejecen mejor.
Somos un taller pequeño. Tres carpinteros, una persona encargada de acabados y alguien que gestiona encargos y logística. No subcontratamos fases del proceso.
Cuando solicitas un mueble, la misma persona que toma tus medidas es quien selecciona la madera y supervisa el ensamblaje. Esto elimina malentendidos y asegura coherencia.